86 – Capítulo 6

Capítulo 5 – Capítulo 7

Capítulo 6
El caballero sin cabeza II

Era medio año desde que fue reclutado cuando Raiden se encontró con el Dios de la Muerte, cuando fue asignado al escuadrón de este último.

El último de sus amigos, quien fue reclutado al mismo tiempo, murió en otro escuadrón justo el día antes de ser reasignado.

 

Antes de su reclutamiento, había permanecido oculto en el área 85.

Lo ocultaba una anciana Alba que una vez administraba un internado privado.

Ella ocultó a todos los niños 86 que pudo, ya fueran sus estudiantes o solo niños que vivieran cerca, y los escondió en los dormitorios.

Después de cinco años, alguien la delató. El gobierno envió soldados para escoltar a estos niños a los campos de concentración. La anciana hizo todo lo posible para evitarlo, implorando a la conciencia y la justicia de la humanidad, solo para ser respondida con burla y humillación.

Los soldados los subieron a un camión usado para transportar ganado y se marcharon como si nada hubiera pasado. La anciana los persiguió, cayéndose hasta el final.

Ella nunca había pronunciado ni una sola palabra mala. Cada vez que Raiden y los demás molestaban, sin falta, ella se ponía completamente furiosa.

Pero esta era la anciana cuyo rostro se encontraba llorando, contorsionado por la ira mientras gritaba:

“¡¡¡Váyanse al infierno, hijos de puta!!!”

Ese grito áspero, junto con la vista de ella tirada en la carretera, llorando, permanecía latente en la mente de Raiden.

Aquel al que ellos llamaban el “Dios de la Muerte” era su líder de escuadrón, de su misma edad. Dada la experiencia previa de Raiden, era extraño verlo extremadamente relajado.

Él nunca organizaba patrullas y buscaba a solas en las ruinas, a pesar de que podría haber <Legión> al acecho, y aunque el radar no captara ninguna señal, les ordenaba que se retiraran. Era capaz de dar órdenes con sorprendente precisión cada vez, pero esa actitud lánguida parecía demasiado suicida para Raiden.

Raiden ya había tenido suficiente.

Mientras que sus amigos reclutados murieron, pelearon hasta el final. La anciana se arriesgaba a que la mataran a golpes mientras hacía todo lo posible por proteger a Raiden y a los niños.

Pero a este chicho frente a él no parecía importarle nada, ya fuera la vida de Raiden o la de los demás.

Medio mes después de haberse unido, su paciencia había llegado a su límite. Ese día, el líder nunca ordenó una patrulla, como de costumbre, y comenzó una discusión que rápidamente se convirtió en una pelea.

Dada su diferencia en el físico, fue capaz de contener su golpe, pero envió al alto y delgado Shinn volando. Miró que este último estaba en el suelo polvoriento y gritó: “¡Deja de jugar!” Sin embargo, este último simplemente miró le dio una miraba con esos imperturbables ojos de color rojo carmesí.

“… Supongo que es mi culpa por no explicarlo”.

Shinn escupió sangre mientras se ponía de pie. Sus movimientos se mantenían ágiles, y parecía que no estaba gravemente herido.

“Pero dada mi experiencia previa, nadie me cree hasta que de verdad lo escuchan. Simplemente no quiero perder el tiempo”.

“¿Eh? ¿Qué estás diciendo?”

“Te explicaré cuando eso suceda… también”.

Antes de que terminara sus palabras, Shinn golpeó con un puño en la cara de Raiden.

Su delgado cuerpo era ágil en movimiento, e impactó un golpe con una impresionante cantidad de fuerza. El movimiento de su cuerpo y el impacto de fuerza sucedieron sin ningún movimiento innecesario, y Raiden fue lanzado al suelo, su mente temblaba.

“Eso no significa que estoy dispuesto a recibir un golpe. No voy a contenerme; quieres pelear, yo me encargaré”.

Ese chico tenía una arrogancia bastante descarada. Raiden se lanzó con todas sus fuerzas.

En conclusión, Raiden perdió. Fue golpeado tan duro que no pudo defenderse. Shinn tenía un año adicional de experiencia en combate, era más hábil en la promulgación de violencia y sabía cómo usarla.

Aunque estaba molesto, Raiden tuvo que admitir que Shinn tenía algunas habilidades, y tuvo un ligero cambio de impresión. “¿Crees que eres un protagonista de manga o algo así? ¿No sientes vergüenza?”  Seo respondió cuando se enteró de este incidente, pero según Raiden, Seo nunca entendió a qué se refería. Shinn, la otra parte involucrada, estaba conteniendo su risa, pero a Raiden no le importaba lo que ese idiota estuviera pensando.

El día después de la pelea, “Será mejor que expliques esto”, le dijo a Shinn mientras soportaba el dolor en su boca.

Y en la siguiente batalla, escuchó los gritos escalofriantes de los fantasmas.

En ese momento, Raiden entendió por qué no había necesidad de patrullar… por qué Shinn tenía un equilibrio que estaba más allá de su edad.

Una vez que se apagaron las luces, los cuarteles del escuadrón Spearhead se silenciaron. Raiden dejó la litera en su habitación, con los ojos todavía entreabiertos, cuando de repente escuchó algunos pasos.

Dio un vistazo a la habitación contigua a la de él, la puerta estaba ligeramente entreabierta. En la tenue habitación, Shinn estaba de pie frente a la ventana que estaba iluminada por la luz de la luna.

“¿Con quién hablabas?”

Parecía haber escuchado a Shinn hablando abajo en las duchas y en el vestidor que estaba a un lado.

“Si”. Shinn simplemente lo miró, asintiendo. Sus brillantes ojos rojos estaban envueltos en frialdad, dándole un equilibrio inadecuado para su edad, una insensibilidad que nunca acabaría.

“Es la comandante”. Se sincronizó conmigo. Le dije algunas palabras”.

“… Ah, así que en verdad te contactó. Esa princesa realmente tiene agallas”.

Raiden estaba un poco impresionado. De los Handlers anteriores a ella, cada uno que escuchaba esas voces nunca volvía a contactarlos.

Sus ojos estaban mirando ese cuello descubierto, la cicatriz roja giraba a su alrededor.

Escuchó a Shinn mencionar cómo surgió la aterradora cicatriz, similar a una decapitación. Sabía que Shinn podía oír las voces de los muertos, debido a esa cicatriz.

La noche era silenciosa. Para Raiden, al menos.

Sin embargo, Shinn… un compatriota suyo, había obtenido la capacidad sobrenatural de escuchar las voces de los fantasmas que nunca se desvanecerían. ¿Cuánta angustia y lamento podría escuchar?

No había nadie que pudiera permanecer perfectamente sano mentalmente después de escuchar estas voces todo el tiempo. El Dios de la Muerte, firme e inquebrantable, era probablemente el resultado de emociones reprimidas en su corazón, junto con su mente atormentada.

Este Dios de la Muerte miró a Raiden, sus ojos de color rojo sangre parecían capaces de congelar todo a su vista.

Raiden sabía que el corazón de Shinn se fijaba al otro extremo del largo campo de batalla, después de haber visto la cabeza que estaba buscando.

“Iré a dormir. Dejaremos la charla para mañana”.

“… Ahh, lo siento”.

 

La puerta apenas se cerró cuando con sus pasos regresó a la habitación contigua, y el armazón de la cama vibró. Shinn estaba parado frente a la ventana envuelta con la luz de la luna, inquebrantable mientras miraba el distante campo de batalla.

Apretó sus orejas y pudo oír las llamadas de innumerables fantasmas, tan abundantes como las innumerables estrellas, llenando la oscuridad de la noche. Incluían quejidos, gritos, lamentos, gritos y murmullos monótonos que no podían ser escuchados por otros. Sin embargo, estaba concentrado en una voz que provenía de todo lo demás, desde el lugar distante que no podía ver.

Fue hace ocho años que escuchó a esa persona decir esto con la misma voz.

En aquel entonces, esa era la frase que escuchó.

Cada noche, cada vez que escuchaba esta voz, la recordaba, sin olvidarla nunca.

Una sombra que se lanzaba hacia él.

La fuerza y ​​la presión asfixiaban su cuello, tratando de aplastarlo todo.

Mirándolo fijamente estaban los ojos negros detrás del cristalino, llenos de completa malicia.

Pecado. Este es tu nombre. Qué apropiado.

Es tu culpa. Todo es tu culpa

La misma voz lo llamaba desde lejos. Cinco años atrás, después de haber muerto en unas ruinas abandonadas en algún lugar del frente de batalla oriental, esta voz había estado llamándolo desde entonces.

Shinn extendió su mano, tocando la helada ventana de cristal, y murmuró a pesar de saber que al otro lado no se lo podía escuchar,

“Iré a visitarte, hermano”.

 

Capítulo 5 – Capítulo 7

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